21. ¿Contaban los levitas con otras fuentes de sostenimiento en adición a los diezmos de cada tres años?
Positivo. Les correspondían también “la ofrenda de las cosas santas “, “todo presente“, “toda expiación“, la “ofrenda elevada”, las “ofrendas mecidas”, las primicias “de todas las cosas de la tierra”, “lo consagrado por voto” y los primogénitos de todos los animales, con la excepción de los que debían ser redimidos (Números 18:8,19). Se concluye, pues, que diezmos no figuraban como el medio principal del sostenimiento diario para los levitas, superándolos, pensamos, todo este caudal de ofrendas, primicias, holocaustos, etcétera, aportado por el pueblo israelita.
Reflexionando sobre estas fuentes adicionales de sostenimiento para los levitas, naturalmente surge la siguiente pregunta para quienes establecen diezmos como el modo de sostener a pastores, pastoras, evangelistas y otros líderes religiosos del presente: ¿Por qué no reclamar para ellos también las primicias “de todas las cosas de la tierra”, expiaciones, ofrendas elevadas, ofrendas mecidas, etcétera? Suponiendo que tuvieran derecho de vivir de los diezmos, tendrían, pues, lógicamente, siguiendo la misma línea de razonamiento, derecho también de acogerse a las demás fuentes de sostenimiento que autorizó Dios para los levitas. ¡Ah! Pero, fueron abolidas las ofrendas elevadas, mecidas, de expiación, etcétera, en la cruz. De acuerdo. Y también, por la misma lógica, por las mismas razones, por los mismos textos bíblicos relevantes, ¡fueron abolidos los diezmos! De hecho, incontrovertiblemente, el Antiguo Testamento fue clavado en la cruz, cambiándose todo aquel sistema sacerdotal viejo por uno completamente nuevo y diferente (Colosenses 2:14-16; 2 Corintios 3:6-17; Hebreos 8:6-13). “Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley…” (Hebreos 7:12). De manera que la selección para la iglesia de solo algunas cosas de aquella ley, por ejemplo, el diezmo, resulta totalmente acomodaticia, arbitraria, ilógica y, por ende, inadmisible. “Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley” (Gálatas 5:4). Aplicando la misma regla al “diezmo”, diríase: “Y otra vez testifico a todo hombre que diezma, que está obligado a guardar toda la ley”. “Guardar toda la ley” incluiría guardar el séptimo día, ofrecer holocaustos, hacer abluciones, apartar primicias, redimir al primogénito, circundarse, etcétera, etcétera, etcétera.
22. ¿Debían diezmar los levitas?
Definitivamente que sí. “Presentaréis el diezmo de los diezmos”, instruyó Jehová a los levitas (Números 18:26-32).
Actualización. ¿También dan “el diezmo de los diezmos” los líderes religiosos del tiempo presente que viven de diezmos, lucrándose grandemente no pocos? Observamos que acaparan gustosamente, si bien no con pura avaricia, los diezmos, pero ¿dan ellos “el diezmo de los diezmos"? ¿O meten todos los diezmos en su propio bolsillo y siguen andando como si fueran exentos de la ley que ellos mismos acostumbran imponer con dureza y altanería?
23. En Mateo 23:23, Cristo dice a los fariseos y escribas: “…diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer sin dejar de hacer aquello”. En efecto, Cristo mandó a los judíos a diezmar. Por consiguiente, ¿deberíamos sus discípulos diezmar también porque el Señor mismo enseñó el diezmo?
Negativo. Nuestra respuesta descansa en el hecho de que Jesucristo nació, vivió y murió bajo el Antiguo Testamento (Gálatas 4:4), no entrando en vigor su Nuevo Testamento hasta diez días después de ascender él al cielo (Hechos 1 y 2; Hebreos 9:14-17). “Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive.” Por lo tanto, no es de extrañarse que Jesucristo enseñara la ley del diezmo ya que él mismo vivió bajo la antigua ley de Moisés. Vino a cumplir aquella ley (Mateo 5:17-20). Una vez cumplida, fue quitada de en medio, efectuando Dios mismo el “cambio de ley” correspondiente (Hebreos 7:12), y entrando en vigor el Nuevo Testamento establecido sobre “mejores promesas” (Hebreos 8:8-13). En este Nuevo Pacto, y no en el Antiguo Testamento, la iglesia establecida por Cristo encuentra las nuevas leyes que han de gobernar su práctica, incluso la de proveer recursos materiales para efectuar las obras que le corresponden en la tierra. En cambio, la iglesia o congregación que encuentra sus leyes en el Antiguo Testamento, los dictámenes de algún concilio religioso o la agenda personal de su líder máximo, ¿cómo la juzga el Señor Jesucristo?
24. ¿Se mencionan diezmos en el Nuevo Testamento después de entrar en vigor este “Nuevo Pacto” en el día de Pentecostés del año 33 d. C.?
Solo en Hebreos 7:1-10. El estudiante perspicaz de este pasaje bíblico comprende pronto que el propósito del autor no es enseñar a la iglesia a diezmar sino probar que el sacerdocio de Melquisedec era superior al sacerdocio levítico y que, consiguientemente, el sacerdocio de Cristo también es superior al de los levitas.
Desmenuzamos Hebreos 7:1-10 en la obra ya mencionada: “¿Diezmos en la iglesia? Melquisedec, Abraham y Cristo. ¿Debemos los cristianos diezmar porque Abraham dio diezmos a Melquisedec?” Disponible en www.editoriallapaz.org/diezmos_melquisedec.htm.
25. Hebreos 7:8 dice: “Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales”. ¿Significan estas palabras que en la iglesia del Siglo I hubiese hermanos que recibieran diezmos?
Negativo. Cierto es que el verbo “reciben” indica tiempo presente. ¿Por qué utiliza el autor de Hebreos este verbo de tiempo presente? Por la sencilla razón de que, cuando él escribió referida disertación inspirada, el templo judío todavía existía en Jerusalén, y los levitas que oficiaban en él seguían recibiendo los diezmos del pueblo judío, pues la gran mayoría de los judíos, incluso los levitas, no había aceptado a Cristo como el Mesías, y por ende, no comprendía que el Antiguo Testamento había sido clavado en la cruz. El templo en Jerusalén fue destruido por los romanos en el año 70 d. C. En el Diccionario bíblico conciso Holman (Página 303), se desglosan evidencias según las que Hebreos fue escrito en una fecha anterior a aquel evento tan estremecedor.
26. Melquisedec era tipo de Cristo y Abraham es el padre de todos los que andamos por fe. Si Abraham dio diezmos a Melquisedec, ¿no nos enseñan estas circunstancias, por implicación, que nosotros los cristianos, siendo hijos espirituales de Abraham, deberíamos dar a Cristo los diezmos?
El Espíritu Santo no presenta semejante argumento en el Nuevo Testamento para convencer a los miembros de la iglesia de Jesucristo a diezmar. Dado el contexto del Capítulo 7 de Hebreos, bien pudiera haber el Espíritu Santo desarrollado tal argumento, pero no lo hizo, hecho significante que el investigador analítico no obvia. Ahora bien, Abraham es el padre de la fe (Gálatas 3:7) para los que obedecemos los preceptos del Nuevo Testamento, pero no por este enlace espiritual entre él y nosotros nos vemos obligados a edificar altares de piedras o sacrificar animales, cosas que él hizo. Por la misma lógica, no tenemos que diezmar porque él diezmara. Nos esforzamos a tener el tipo de fe robusta que Abraham poseía, sin que esto implique que hagamos las mismas obras realizadas por él, incluso la de diezmar.
27. ¿Diezmaban los miembros de la iglesia primitiva?
Negativo. No recibieron mandamiento alguno que los obligara a diezmar. En todo el Nuevo Testamento, ¡no hay siquiera un solo ejemplo de algún hermano o iglesia que diezmara! ¡Ni uno! Por un lado, tantas instrucciones en el Antiguo Testamento para Israel sobre “diezmar”, y ejemplos de cómo lo hacía. Por otro, ninguna instrucción o ejemplo al respecto en el Nuevo Testamento para la iglesia. Este silencio constituye un gran argumento contra diezmos en la iglesia. ¿Diezmaban los cristianos del Siglo I con el propósito de consumir todos ellos los diezmos a manera de los israelitas bajo el Antiguo Testamento? No hay en el Nuevo Testamento ni pizca de evidencia para semejante práctica. Tampoco estableció Cristo en su iglesia algún sacerdocio especial que los miembros tuvieran que sostener mediante diezmos, sino que constituyó a todos los miembros de su iglesia “reyes y sacerdotes” (1 Pedro 2:4-10; Apocalipsis 1:6). Introducir, pues, diezmos en la iglesia, haciendo caso omiso a estos hechos, argumentos y consideraciones, obviando también la abolición del Antiguo Testamento al morir Jesucristo en la cruz, seguramente ha de interpretarse como un atrevimiento osado y descabellado. Las consecuencias dañinas de su introducción y práctica afloran dondequiera.
28. ¿No había sacerdotes en la iglesia apostólica?
Sacerdotes tal como los de Leví no los había. Tenga presente, estimado lector, el hecho de que el sacerdocio fue cambiado cuando Cristo murió, y entró en vigor el Nuevo Testamento. “Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley” (Hebreos 7:12). Bajo el Nuevo Testamento, Cristo es el único sumo sacerdote (Hebreos 4:14-16) y todo miembro fiel de la iglesia es constituido sacerdote “para ofrecer sacrificios espirituales” (1 Pedro 2:4-10). Sacerdotes que sacrificasen, intercediesen o celebrasen culto por los creyentes no los había en la iglesia establecida por Jesucristo, ni los hay en el día de hoy en la iglesia que sigue fielmente la “buena doctrina” apostólica hallada en la “ley de Cristo” (1 Timoteo 4:6, 16; 1 Corintios 9:23).
29. Entonces, ¿qué líderes constituyó Dios en su iglesia?
Además de los apóstoles de Jesucristo, había ministros o evangelistas (2 Corintios 3:6; 2 Timoteo 4:5), profetas (Hechos 11:27), maestros (Efesios 4:11) y en cada congregación local plenamente organizada gobernaban ancianos, o sea, pastores, también identificados como obispos. Siempre una pluralidad y no un solo obispo o pastor. Además, había diáconos (Tito 1:5-11; Hechos 14:23; Filipenses 1:1; 1 Timoteo 3).
30. ¿Puede la iglesia sostener económicamente a sus evangelistas o ancianos (pastores, obispos) para que se dediquen a tiempo completo a los distintos ministerios espirituales?
Sin duda alguna. “Ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” (1 Corintios 9:14). En ocasiones, el apóstol Pablo trabajaba con sus propias manos para “no poner ningún obstáculo al evangelio” (1 Corintios 9:12), o “para no ser gravoso a ninguno” (2 Tesalonicenses 3:8). No obstante, a veces recibía “salario” (2 Corintios 11:8), y siempre defendía el derecho de los obreros en el Reino espiritual de recibir sostenimiento material (1 Corintios 9:1-15; 2 Tesalonicenses 3:6-10; Filipenses 2:25-30; 4:10-20; 1 Timoteo 5:17-18).